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12 oct. 2015

El templo del gusano | Frostgrave


"Los secuaces de Mortimer recorrían las ruinas de Tumbahelada sin saber muy bien qué era lo que estaban buscando. Las historias escuchadas tantas veces al hogar de la lumbre de las posadas hablaban de riquezas y portentos sin igual, pero de momento no habían encontrado más que hielo, nieve y rocas. Sin embargo el Nigromante les instaba a continuar la búsqueda, seguro de que encontrarían algo que mereciese el esfuerzo.

De pronto Rodolfo dio la voz de alarma. Encaramado como le gustaba hacerlo a lo alto de una torre a medio derruir, sus ojos de ave rapaz habían localizado lo que sin duda era el brillo del oro. No lejos de allí, entre las ruinas de lo que en otro tiempo había sido un templo, dedicado quién sabe a qué deidad, un destartalado cofre había dejado escapar parte de su contenido al frío pavimento, y las monedas de oro brillaban a la helada luz del amanecer.

Sin embargo eso no era todo lo que había vislumbrado el Azor, pues entre las ruinas parecían moverse otros exploradores de la Ciudad Helada. Indignado porque pretendiesen quitarles lo que sin duda ellos habían visto antes, Mortimer avanzó con sus chicos al encuentro del enemigo.

La ruinas de Tumbahelada
El Nigromante, consciente de sus debilidades, decidió que Dorik y Alexander le acompañarían para cubrir su avance, y por si las moscas decidió levantar un decrépito zombie que apareció abriéndose camino con sus garras a través de la tierra congelada. Cerca de allí Rodolfo, que acababa de dar su informe a Mortimer, se preparaba para volver a encaramarse a las ruinas en busca de presas. El resto de los Apestados, acompañados por Ronilda, se prepararon para introducirse en las ruinas del templo.

Mortimer se asegura de tener buenos guardaespaldas
Al otro lado de la plaza, entre las heladas brumas que se desprendían de los ruinosos edificios, se movían varias figuras, pero el puntiagudo sombrero de una de ellas fue lo que llamó la atención de Mortimer. Sin duda se trataba de algún tipo de hechicero que estaba allí por las mismas razones que el Nigromante. Junto a esta figura se arremolinaban otras de diferentes estaturas, pero los Apestados no llegaban a diferenciarlas con claridad.

El misterioso hechicero y sus secuaces
Ambas cuadrillas se lanzaron hacia los cofres que poblaban la zona en cuanto fueron conscientes de la presencia de más interesados en la zona. Mortimer avanzó junto a Dorik y Alexander mientras enviaba al zombie a recoger uno de estos preciados tesoros. Al otro lado de la plaza podía ver como el otro hechicero, al que ahora Mortimer había reconocido como un estudioso del Elementalismo,  y sus secuaces, hacían lo propio, acercándose peligrosamente.

Ambos bandos se lanzan a por los cofres
A pesar de la proximidad de sus rivales el Nigromante estaba tranquilo porque sabía que Rodolfo estaba cubriéndoles las espaldas. Hecho que se vio confirmado cuando una flecha del cazador surcó el cielo y fue a impactar en uno de sus oponentes, un mediano con aspecto de ser amigo de lo ajeno, dejándolo inconsciente.

El ladrón mediano es derribado
Mientras los amigos del mediano miraban en todas direcciones buscando el origen de aquel disparo certero, su compañero más cercano, un hombre alto y de aspecto endurecido, cayó derribado por otra flecha del Azor. Viendo la oportunidad de acorralar a su oponente en las artes mágicas, Mortimer empleó su hechicería para transportar a Alexander a la espalda del mago enemigo, confiando en que diese buena cuenta de él.

El Azor se apunta su segunda baja del día
Mientras, junto a las ruinas del templo, las cosas no les iban tan bien a los Apestados. Ronilda envió a Farolus a recoger el cofre que se podía adivinar entre las placas de hielo que cubrían el suelo del templo. Ella avanzó, buscando coberturas, junto a los otros dos matones, también dispuestos a hacerse con otro de los cofres. Sin embargo, cuando creían estar a salvo de los disparos enemigos una flecha apareció en el espacio que anteriormente había ocupado el ojo y parte del cerebro de Cápucher, dejándole en un instante más frío que el helado suelo en el que cayó su cadáver. Sus rivales habían avanzado mientras las despistada aprendiz discutía con sus subordinados, y ya se habían hecho con uno de los cofres.

Cápucher muere
A pesar de la muerte del matón las cosas no les iban mal a los Apestados, se habían hecho con tres cofres, y ahora Dorik se dirigía a saquear el cuarto. Sin embargo, mientras Mortimer contemplaba complacido como sus esbirros saqueaban la zona, el suelo comenzó a temblar. El hielo crujía y enormes cascotes caían de lo alto de las ruinas milenarias. De repente algo surgió del suelo. En un instante cobraron sentido los pequeños restos de los frescos que se conservaban en el templo y que mostraban una figura alargada y bulbosa. El símbolo de esta adoración había regresado.

Justo bajo el cofre al que se dirgía Dorik apareció un enorme gusano, grueso como un hombre fornido  y alto como un caballo, que tras devorar el cofre y su contenido se lanzó sobre el enano, hiriéndole de gravedad. Circunstancia que aprovechó rápidamente el elementalista, para dejar al enano fuera de combate con una de sus esferas de energía mágica.

El gusano (perdonen el proxy) ataca a Dorik
Al ver el destino que había sufrido Dorik, Alexander se lanzó a por el hechicero enemigo con su espada en alto, tratando de vengar a su compañero. Sin embargo este le sorprendió al sacar una espada y una daga entre sus ropajes, evitando ser decapitado mientras gritaba como un poseso pidiendo ayuda.

Alexander se lanza a por el mago enemigo
La ayuda que tan vehementemente pedía el hechicero no tardó en llegar, pues pronto aparecieron entre las rocas sus compañeros. Alexander vio como un mediano y un elfo le rodeaban, pero esto no le amedrentó. Cuando el elfo trató de aprovechar la situación para propinarle un certero espadazo, el cazador de tesoros se revolvió e hizo retroceder a su oponente con varia fintas de su espada.

Alexander se ve rodeado, pero rechaza al elfo
Mortimer, por su parte, viendo el cariz que iban tomando los acontecimientos, y pensando que ya se habían hecho con un buen botín, dejó que Alexander se las arreglase solo mientras se escondía entre las ruinas, buscando la mejor forma de huir sin que ninguna de esas malditas flechas viniese a agujerear su cráneo.

Mortimer inicia una de sus "retiradas tácticas"...
...mientras sus secuaces se hacen con el botín
No obstante el miedo había hecho que el nigromante tomase la decisión más adecuada, pues los Apestados comenzaron a ver superados en todas partes. En primer lugar Alexander, que reía insultando a su rival tras hacerle retroceder, cambió súbitamente su gesto por el de una desagradable sorpresa cuando la daga del hechicero se clavó en su costado, dejándole inconsciente.

El hechicero termina con Alexander
Para continuar, el elfo, viéndose liberado de la amenaza de Alexander, tensó su arco tras haber localizado al Azor, y disparó. La flecha élfica cruzó el aire helada hasta clavarse en la pierna del tirador de los Apestados, que cayó al suelo entre gritos de dolor.

El Azor recibe su propia medicina
Lo que ocurrió a continuación solo puede ser descrito como una carrera de obstáculos. Pues los seguidores del elementalista, viendo como el detestable gusano se les echaba encima, echaron a correr entre los sillares derribados de las antiguas construcciones, saltando de una roca a a otra mientras las babas de la criatura manchaban sus espaldas. A pesar de las prisas el elfo creyó ver algo por el rabillo del ojo, y cuando se fijó mejor pudo comprobar como Ronilda se escondía entre las rocas lejos de allí, por lo que decidió probar suerte y disparar contra la escurridiza aprendiz...que fue herida por la flecha y abandonó el campo de batalla entre alaridos histéricos de dolor.

El elfo tiene tiempo en su huida de eliminar a Ronilda
Ambas bandas decidieron que ya habían tenido suficiente por hoy, y lamiendo sus heridas, se retiraron a sus escondrijos a abrir los cofres y ver que habían encontrado."

Con este enfrentamiento entre los Apestados de Mortimer y los chicos de Wizandir damos comienzo a nuestra campaña de Frostgrave, en la que veremos si nuestros hechiceros, los protagonistas indiscutibles de este juego, alcanzan la Trascendencia, o sus cadáveres acaban sepultados bajo las ruinas y el hielo de Tumbahelada (mi traducción libre de Frostgrave son la que denominaré a la ciudad a partir de ahora).

Este primer escenario lo gané yo ya que mi banda logró hacerse con tres tesoros frente a los dos de mi oponente. Sin embargo como suele ocurrir en este tipo de juegos, importa poco quien ha conseguido la victoria, pues lo importante son las tiradas tras la partida para determinar lo que le ocurre a los heridos y cuales son las ganancias obtenidas.

Por mi parte sufrí bastantes bajas, aunque sólo tuve que lamentar la muerte de Cápucher, uno de mis matones. El resto se recuperaron completamente de sus heridas, excepto Alexander, que no podrá disputar la próxima partida.

En cuanto a los cofres tuve bastante suerte y en total me hice con 220 coronas de oro, un Báculo de poder (2) y dos grimorios con los hechizos Transposición y Absorber conocimiento.

Mortimer logró lanzar bastantes hechizos durante la partida, de modo que esto, combinado con los 3 cofres que saqueó la banda, le otorgaron 240 puntos de experiencia, lo que le hace subir dos niveles. Estas subidas las empleé en aumentar su salud (Health) en 1 y hacer que aprendiese el hechizo Absorber conocimiento.

Además, tras la primera batalla, debes elegir, entre varias posibilidades que ofrece el reglamente, la guarida de tu banda . En mi caso la elección era obvia: Una cripta, que me permitirá levantar zombies antes de las partidas con 2 puntos menos de dificultad.

Para terminar decidí dilapidar mis ganancias comprando dos Pociones de curación, y contratando a otro matón, Hachacius, y a un bárbaro, Tarás "el Vagabundo"

"Mortimer notaba la incomodidad de sus hombres al tener que montar sus catres en los nichos vacíos, pero poco le importaba. Se sentía como en casa en aquella cripta que habían encontrado y que él ya consideraba su hogar.

Se encontraba disfrutando del análisis de toda la nueva materia prima que tenía a su disposición cuando alguien aporreó con fuerza la desvencijada puerta. Molesto, el Nigromante se dispuso a echar un rapapolvo a quién se había atrevido a molestarle, cuando al abrir la puerta se encontró en inmenso tórax cubierto de pieles.

Al subir la mirada pudo comprobar como, unida al tórax, se encontraba la cabeza de un bárbaro de mirada feroz:

- Saludos amigo - Dijo Mortimer - ¿No estarás buscando trabajo por casualidad?."

2 comentarios:

Jesús Ayuso dijo...

Genial el informe. Suerte que es festivo, si no me dejaba mis ahorros en la tienda, comprando reglamento y escenografia.
Pero, por los dioses del Caos, pintad las miniaturas! ;-)

Jesús Ayuso dijo...

Genial el informe. Suerte que es festivo, si no me dejaba mis ahorros en la tienda, comprando reglamento y escenografia.
Pero, por los dioses del Caos, pintad las miniaturas! ;-)

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