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17 feb. 2011

Artheldor Renacido | Segunda parte

El espíritu del Gran Rey

Los días dieron paso a los años y estos a los siglos y a los milenos. La historia de Artheldor fue olvidada, pero este estaba destinado a volver a caminar sobre la tierra. El reino de los Slann decayó, otros grandes esfuerzos centraron su atención y Artheldor vio la ocasión de tomar su venganza. Los sellos que lo ataban se debilitaron y parte de su consciencia tuvo acceso a la realidad. Su mente vagó por el mundo y finalmente, quien sabe si por la voluntad de un poder mayor al suyo, encontró un interlocutor, su nombre era Nevsky, y nunca supo realmente a lo que se enfrentaba

En la tribu del Champiñón Rojo Nevsky era considerado el regente del universo. La mente de los canijos Goblins Nocturnos que le seguían no podía ver mas allá del poder del gran Chamán que los dirigía a la batalla. Su magia y su pérfido intelecto les habían llevado a dominar una amplia superficie de túneles y mazmorras bajos las estribaciones más meridionales de las montañas del fin del mundo cuando aquella voz comenzó a hablarle. Al principio la rechazó, considerándola una consecuencia más de su impulsiva ingesta de hongos mágicos, sin embargo pronto intuyó que su naturaleza iba más allá. Tras varias victorias conseguidas gracias a los consejos de esta comprendió que los beneficios que podía  proporcionarle, y el poder que estos conllevarían, escapaban a todo lo que jamás hubiese imaginado. Guiado por esta hambre de poder pronto unió sus fuerzas a las del Kaudillo Mabuse Mazticafetoz, gran líder de los orcos de la región. En su sombra dirigió los pasos del señor de la guerra orco negro bajo los dictámenes de la voluntad de Artheldor, y estos no le llevaron a otro lugar que a las antiguas regiones dominadas por el gran rey elfo.

Artheldor tramaba su reencarnación, su esencia aun se encontraba atrapada bajo la prisión arcana de los Slann, sin embargo tenía un plan para volver a caminar sobre la tierra. Su poder no era suficiente para romper los barrotes que lo aprisionaban pero sabía un modo de multiplicarlo hasta el infinito. Los objetos que había creado hacía milenos tenían un poder sin igual en las manos de cualquiera pero este no era comparable al que podían alcanzar en las suyas, solo el podía desatar su autentica esencia, y solo ellos podían liberarle.

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