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21 nov. 2016

Legion Tactical Squad | Hijos del Emperador


“Su lanza describió un arco perfecto mientras empleaba todo su cuerpo para imprimirle fuerza mediante un giro practicado miles de veces en las jaulas de entrenamiento. La hoja plateada adornada con filigranas de oro atravesó limpiamente la gruesa piel verde, decapitando a la criatura alienígena sin prácticamente frenar su avance. Sin perder un ápice de la inercia conseguida redirigió la refinada arma en una estocada profunda que se hundió en el tórax del siguiente orko que se abalanzaba sobre él, el cual murió en ese mismo instante, con una expresión de sorpresa en su monstruoso rostro.

La última oleada de enemigos había sido rechazada, lo que permitió al astartes realizar un rápido análisis de la situación de la batalla. La línea de armaduras lacadas en púrpura y oro se extendía a ambos lados de su posición. Rápidamente pudo comprobar que no se había quebrado en ningún punto. Las escuadras de asalto se podían ver realizado un movimiento envolvente perfectamente coordinado con el avance de la línea principal, mientras el fuego de largo alcance de las escuadras de armas pesadas les servía de apoyo, impactando en los puntos exactos donde dictaba el plan de batalla. Aquella era la forma de hacer la guerra de la III Legión, una perfecta sinergia entre los componentes de su fuerza, cada uno de los cuales desempeñaba sus funciones con el máximo nivel de eficiencia y perfeccionamiento. Nada diferente a la perfección era admisible para los Hijos del Emperador.

Tras su rápido análisis, Páivatar Restor, capitán de la 32ª compañía, abrió un canal de comunicación con sus líderes de escuadra:

- Inicien fase 3, convergencia en el sector H-6. - Dijo a través del comunicador implantado en el yelmo de su armadura Mark IV.

Una serie de descargas de estática le confirmaron la recepción de las órdenes, aunque realmente esto no era necesario, ya que el elaborado movimiento de los diferentes elementos de la compañía se produjo de forma casi instantánea y absolutamente perfecta. Todo un espectáculo digno de contemplar si estuviesen allí para recrearse y no para exterminar.

El capitán había esperado el momento exacto en el que realizar la acción definitiva y ésta tuvo consecuencias devastadoras para sus enemigos. La enorme masa de enemigos fue rechazada y obligada a agruparse cada vez más. Los salvajes alienígenas formaban una sofocante multitud en la cual muchos de ellos morían pisoteados por sus congéneres o aplastados por la mera presión de los cuerpos en huída. En ese momento el fuego de artillería comenzó a caer y la masacre se desató sobre los orkos. Con cada explosión docenas de pieles verdes eran exterminados y su número decrecía a pasos agigantados, pero repentinamente iniciaron un contraataque.

Entre la masa de alienígenas una presencia se hizo patente. Una enorme criatura, de un tamaño que podría rivalizar con el de los mismísimos Primarcas, comenzó a proferir tan intensos alaridos que estos eran audibles sobre el apocalíptico retumbar de las explosiones de artillería.

La moral de los orkos parecía quebrantada, pero si hay algo que asuste más a sus pequeñas mentes que el poder imparable de los astartes esto es la presencia de un caudillo dispuesto a arrancar las cabezas necesarias para que sigan luchando hasta la muerte.

Así, la inercia de la multitud de orkos se invirtió y arremetieron contra los astartes, que respondieron al unísono elevando sus bólteres y eliminando a sus enemigos con las ordenadas ráfagas de sus armas hasta que se aproximaron tanto que las espadas sierra y los gladios debieron encargarse del trabajo.

Sin embargo se trataba de demasiados enemigos, y tarde o temprano el peso de su superioridad numérica, dirigida ahora por la autoridad de su bárbaro líder, terminaría superando hasta a la más perfecta de las Legiones, por lo que el capitán se dirigió a encontrarse con su destino.

Rodeado de su escolta de exterminadores, Restor se labró un camino a sangre y fuego entre sus enemigos. Los astartes avanzaban sin que la brutalidad de los orkos pudiera contenerlos, del mismo modo que las olas del mar en calma no frenan el curso de los buques de guerra. La danza mortal del capitán se sumaba a la matanza provocada por los veteranos, y a cada paso que daban, decenas de pieles verdes eran masacrados.

Así el capitán llegó a su destino cuando se encontró frente a la imponente masa del caudillo enemigo. La enorme bestia reconoció el desafío implícito en la acción del capitán, y se irguió ante él levantando con uno de sus poderosos brazos una inmensa hacha. Los exterminadores se situaron en torno a los contendientes, eliminando a la escolta del caudillo y evitando que nuevos enemigos molestaran a su capitán mientras este se lanzaba contra su antagonista con el nombre del Emperador en sus labios.

El orko descargó sobre Restor un poderoso mandoble capaz de partir un Land Raider por la mitad. Parecía que su enorme masa aplastaría al capitán sin que este pudiese hacer nada por evitarlo, pero el hacha impactó contra la arenosa superficie del planeta, levantando una gran nube de polvo que cubrió al caudillo. Cuando la nube se dispersó la armadura púrpura de Restor se encontraba sobre él, pues el astartes había esquivado el golpe y aprovechando la inercia de su enemigo para encaramarse a su imponente corpachón.

La lanza Fénix de Restor brilló por un instante con un fulgor plateado que pareció iluminar el campo de batalla para a continuación descender en un golpe mortal sobre la nuca del caudillo, donde se hundió hasta que el guantelete del astartes chocó contra la piel del orko. Este se desplomó sin vida sólo un instante después. En ese momento se terminó la batalla, pues pasó a convertirse en una mera misión de erradicación.

La masa de orkos, desmoralizada y sin voluntad, volvió a retroceder, esta vez de forma todavía más desordenada y presurosa. Los Hijos del Emperador los exterminaban sin compasión, haciendo una vez más uso de sus bólteres y armas pesadas. Esta ya no era una misión digna de la élite del Imperio y pronto sería el Ejército Imperial quien se encargarse de la tediosa labor de desinfección del planeta….”

Cansada, la mujer dejó de teclear los símbolos representados en su holoterminal de trabajo y se quedó mirando pensativa el icono que parpadeaba al final de la redacción, dudando si borrar lo que acababa de escribir. La pequeña habitación se encontraba iluminada únicamente por el frío resplandor de la pantalla, lo que acentuaba la arrugas acumuladas en su rostro. Los mismos motivos que la habían llevado a no someterse a los tratamientos rejuvenecedores tan habituales entre los ciudadanos de su posición, hacían que un par de lentes engastadas en una fina montura dorada cubriesen su ojos de color cobrizo cuando se encontraba trabajando.

Cerrando los ojos se quitó las gafas y comenzó a frotar las dos pequeñas hendiduras que estas le habían producido a ambos lados del puente de la nariz. Cada día que pasaba aumentaba su impresión de no estar escribiendo más que la propaganda exigida por el Consejo de Terra. Quizá para muchos de sus compañeros de la orden de Rememoradores la simple experiencia de encontrarse en una nave de guerra en el frente de la Gran Cruzada era suficiente para despertar las musas de su inspiración, de hecho ella misma había constatado las exquisitas obras que se habían producido en los más de seis meses que habían pasado desde su incorporación a la flota. Sin embargo aquello no funcionaba con ella. Su literatura siempre se había caracterizado por la exploración de la psicología y las motivaciones más profundas de sus protagonistas. Incluso sus obras más profanas se adentraban en el alma de los personajes como elemento vertebrador de las mismas. Sin embargo aquí se encontraba, redactando fantasiosas hipérboles basadas en las relaciones de batallas que el alto mando les hacía llegar, una vez sometidas a la correspondiente censura.

El zumbido del timbre de la puerta la sacó de su introspección..."

Escuadra táctica Ilmarien, 32ª compañía
Con el ejército de los Manos de Hierro bastante completo, me he lanzado a pintar una nueva legión, en este caso traidora, para así poder jugar partidas con ambos bandos en al Herejía de Horus. Este es un proyecto que venía barruntando desde hace mucho tiempo y que definitivamente tomó forma con la salida de la caja de Betrayal at Calth, hace ya un año. Como se puede ver la legión elegida es la tercera, los Hijos del Emperador, protagonistas junto a los Manos de Hierro de una de las historias de amistad y traición más icónicas de la Herejía.

Ya con los Manos de Hierro venía escribiendo pequeños retazos del trasfondo de mi ejército en las entradas dedicadas a cada una de las unidades que iba pintando, pero esta vez quería hacer algo un poco más ambicioso y escribir un relato que integrase estos retazos para crear una única narración. Las líneas que se pueden leer al inicio de esta entrada son las primeras de esta historia, que tiene continuación en un texto más largo que he preferido no transcribir aquí entero, ya que la entrada quedaría larguísima. Si alguien está interesado en leer lo que voy escribiendo lo tiene disponible en el enlace que figura a continuación. En él iré actualizando el archivo de texto con lo que vaya añadiendo conforme pinte nuevas unidades para el ejército. Por supuesto, si alguien se anima a leer el texto y tiene alguna sugerencia o corrección que hacer, estaré encantado de escucharla.

El texto se puede descargar en el siguiente enlace: Génesis de una traición.

He empezado por una escuadra táctica de 15 marines, algo básico en casi cualquier ejército de la Herejía. La principal novedad con estas miniaturas es que suponen mis primeros pasos con el aérografo. Quería una forma de pintar el ejército resultona y rápida. Además quería practicar con esta nueva herramienta todo lo que pudiese, ya que está llena de posibilidades y puede acelerar mucho algunos procesos del pintado de miniaturas.

Los resultados en estas primeras miniaturas son bastante irregulares, y aunque desde entonces le he ido pillando el tranquillo (ya tengo un par de escuadras más pintadas), me queda mucho para controlar bien la aplicación de luces y la realización de degradados. El proceso de pintado es el siguiente:

Aerógrafo
- Imprimación en negro con unas luces cenitales con blanco.
- Color base con Violeta de Vallejo.
- Luces cenitales con Violeta Azul también de Vallejo.

Pincel
- Capa base en los dorados con Balthasar Gold de GW.
- Luces en los dorados con Auric Armour Gold de GW.
- Lavado de Tinta Sepia de Vallaejo en los dorados.
- Partes plateadas en Leadbelcher de GW.
- Lavado con Tinta Negra de Vallejo en las partes plateadas.

Para terminar usé calcamonías de FW para alguna de las hombreras y para el Vexilla.

Las peanas están hechas con corteza de árbol partida en pequeños trozos y arena, sobre los que apliqué un pincel seco con de grises y un lavado de Tinta Óxido Seco de Vallejo en las zonas de tierra.

3 comentarios:

Señor Serviorco dijo...

Mucho q comentar;)
El relato es guapo. Cuando tenga un rato l leeré.
Q pruebes con el aerográfo me parece muy interesante y como todo: poco a poco irás sacándole más rendimiento. Ánimo.
Los Hijos del Emperador son brutales con esos colores tan llamativos y ese trasfondo complementario a los manos de hierro.
En conclusión: me parece otra aventura friki muy ambiciosa pero estoy seguro q la bordas. Y yo encantado de seguirla.
Un saludo

Rafa dijo...

Hola buenas, me podrias decir que colores has usado para la armadura?? muy buen trabajo, espero que superen a los manos de hierro y aplasten a Ferrus una vez mas!!

Muchas gracias!

Rafa dijo...

Jajajaja, soy un ciego y no lo he visto!!! xDDDDDDDDD

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