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5 oct. 2016

Nathaniel Garro | Caballero Errante


"Una Stormbird descendió de las nubes ardientes como si se tratara de un águila inmensa, derramó su sombra sobre la lucha y giró manteniéndose sobre ella, sostenida por lanzas de llamas blancas. Por un breve instante la atención de Olen se alejó de la lucha. La nave era claramente astartes pero aun así, por mucho que forzó la vista, no pudo reconocer su filiación: no lucía el profundo rojo sangre de los traidores Portadores de la Palabra ni el cobalto de los Ultramarines. Era del color de los fantasmas.

Una compuerta de bronce se abrió y de ella saltó una figura gigantesca revestida de una servoarmadura del mismo tono que la nave. Mientras la nave descendía, el guerrero aterrizó y su impacto resonó como un trueno, matando a alguno de aquellos monstruos con su masa. Olen vio el destello de luz de una espada tan alta como un hombre: la figura la extrajo de la vaina a su espalda. Con ella, y con una pistola bólter esmaltada en negro en la otra mano, el guerrero se arrojó en medio de la melé.

La espada subió y bajó, subió y bajó; el bólter retumbó, cada descarga como un martillazo reventando a aquellas horrendas criaturas en pedazos de materia sangrante y deshilachada.

Como un único ser, aquellas criaturas se abalanzaron sobre el guerrero, percibiéndolo como la única amenaza que las rodeaba. Pero no se trataba de un soldado, de un hombre común. La figura gris sólo podía ser un astartes, y como tal avanzaba entre las filas de sus enemigos como un ángel de la muerte. En su estela no quedaban gritos, sólo dejaba tras de sí muertes limpias, decimando las oleadas de monstruos que se arrojaban sobre él. Olen ordeno a sus soldados que dieran apoyo al guerrero, aunque éste no lo necesitaba. Él solo había logrado lo que una docena de soldados no había podido: ganar.

Cuando todo acabó, el guerrero avanzó hacia ellos. Olen no pudo evitar dar un paso atrás. Había visto a los astartes en el campo de batalla muchas veces, pero nunca tan de cerca. Nunca así, irguiéndose sobre él, las lentes esmeralda de su casco de combate midiéndolo con frío detenimiento.

El astartes trazó un arco seco con la espada para desprender la sangre corrompida de su hoja, y volvió a envainarla. Olen leyó la palabra grabada en alto gótico sobre el metal: Libertas.



Algo en el astartes y su armadura no acababa de disipar la desconfianza del teniente, y cuando de nuevo se giró hacia él comprendió lo que era. El equipo de combate del guerrero presentaba una coraza ornamentada de bronce y oro con la efigie de un águila, y alzándose tras su casco una pesada placa blindada estaba labrada con otra forma de rapaz. Pero lo más extraño era la ausencia absoluta de cualquier otro detalle. Cada una de las legiones astartes lucía su heráldica con orgullo, y portaban el emblema de su legión en la hombrera. Éste no mostraba ninguna. Salvo algunos ribetes más oscuros, su servoarmadura era de un gris piedra uniforme desde las botas al casco, carente de cualquier iconografía.

—¿Quién sois? —preguntó Olen, y el astartes se detuvo—. ¿Podéis al menos decirnos eso? Antes de que os vayáis, al menos dejadnos saber el nombre y la legión del guerrero que ha salvado nuestras vidas.

Por un momento, el astartes permaneció inmóvil. Después se quitó el casco. Una cara pálida y patricia, una cabeza rapada y marcada de cicatrices, dirigió a Olen la mirada de unos ojos viejos y afligidos.

—Mi nombre es Nathaniel Garro, y soy una legión de uno."

James Swallow
(Garro, juramento del momento)


Nathaniel Garro es un personaje que me gusta desde que leí sus peripecias en la Huída de la Einsenstein, pero el giro que ha tomado su historia al convertirse en "La mano del Sigilita" le hace aun más interesante, por lo que fue una alegría que le sacasen reglas para poder usarlo con todos los ejércitos leales. En estas reglas representa lo que se ha dado en llamar un Caballero Errante, uno de los agentes del Sigilita enviados a misiones especiales normalmente de alto secreto, y que parecen ser el germen de los Caballeros Grises.

Nathaniel Garro, la Mano del Sigilita
Sin embargo lo que me llamó realmente la atención de Garro fue su miniatura, que simplemente me encanta. Creo que es una de mis miniaturas favoritas de entre todas las producidas por la compañía de Nottingham, y sin duda entre las producidas para la Herejía de Horus.


Por si esto fuera poco, desde hace bastante tiempo tenía muchas ganas de pintar una miniatura en metálicos y he disfrutado muchísimo pintando esta en particular. En primer lugar quería lograr un acabado para la armadura más limpio del que suelo usar en el Mechianicum y en los Manos de Hierro, donde el Agrax Earthshake y la Tina Humo de Vallejo me proporcionan un acabado algo sucio o aceitoso que es el que busco en estas miniaturas de aspecto más "industrial". Aquí lo que hice fue dar un lavado con Tinta Negra de Vallejo, que al igual que la Humo es genial, para a continuación perfilar los detalles con Chainmail, un tono más claro del que suelo usar. No es que el resultado sea nada del otro mundo, pero yo he quedado muy satisfecho. Para la espada usé un lavado con tinta azul pata luego dar un pincel seco de Cainmail, y me siento satisfecho con el hecho de que contraste con el metálico de la armadura. Para terminar apliqué la Tinta Humo a los cables y partes bionicas, para que así dieran el aspecto de ser partes más funcionales.


Los dorados están pintados con Balthasar Gold y perfilados con Aurir Armour para a continuación aplicar un lavado de Tinta Sepia de Vallejo. Son prácticamente las primeras partes en dorado que pinto en una miniatura, así que aun estoy experimentando, pero el resultado me gusta bastante. Probablemente aplique esta misma combinación en los futuros Hijos del Emperador que están en la cola de pintura.

1 comentarios:

Señor Serviorco dijo...

Muy buena miniatura y muy guapo el pintado q representa la armadura sin afiliación.
A mí me gustaba Garro cuando lo pasaba crudo en la eisenstein, al sigilita le tengo tirria.
Un saludo

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