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29 ago. 2016

Moritat | Manos de Hierro


"La dotación de la batería de armas pesadas exploraba nerviosa la zona de exclusión que dominaba frente  al último reducto que aun permanecía en pie ante el ataque de los inmisericordes invasores. Habían pasado nueve meses dese que la enorme flota llegase a su sistema. Pronto habían enviado emisarios, anunciando  una liberación nunca solicitada y hablando de antepasados comunes olvidados hace milenios. Sus intenciones habían estado claras desde el principio: Subyugar su floreciente civilización mediante el diezmo o aplastarla bajo el yugo del belicismo.

Por supuesto habían sabido vender su tiranía mediante dulces palabras. Hablando del bien común de la humanidad y del amor de un lejano emperador habían llegado a convencer a algunos grupos dentro del senado, y las discusiones sobre el curso de acción a tomar se habían prolongado durante días, aunque finalmente había primado la lógica. No habían trabajado durante generaciones para colonizar el sistema y comunicar sus colonias para ahora entregarlas al primero que dijera tener la legitimidad para gobernar sobre la humanidad. Sin embargo no estaban preparados para la batalla que habían aceptado.

El senado había recibido informes pormenorizados que aseguraban que los invasores no contaba con una superioridad tecnológica aplastante, de modo que apreciaban que una guerra defensiva, teniendo en cuenta las dificultades logísticas con las que se encontraría el enemigo, lograría disuadirlo de continuar con la ofensiva y pondría fin a las hostilidades. El problema surgió cuando, tras la primera batalla, comprobaron que estos informes estaban equivocados, ya que no habían contado con un factor desconocido hasta aquel momento: El enemigo contaba con semidioses entre sus filas.

Aquellos seres, sin duda fruto de la ingeniería genética, eran gigantes equipados con armaduras negras capaces de enfrentarse a regimientos enteros por si mismos y salir victoriosos. Desde entonces las fuerzas del senado no habían hecho más que replegarse, retrocediendo de un reducto al siguiente, abandonando una colonia tras otra en manos del fuego y la destrucción.

Los últimos defensores se hacinaban  ahora en este reducto. Sin embargo había surgido una nueva esperanza. Los antiquísimos escudos de energía que lo protegían, cuya existencia databa de siglos anteriores a la fundación del senado, habían resultado impenetrables para la tecnología de los invasores, a pesar de que habían tratado de sobrecargarlos con el armamento de sus ciclópeas máquinas de guerra. Si conseguían resistir el tiempo suficiente quizá pudiesen negociar una rendición que no terminase con la extinción de su civilización.

Ahora la dotación barría con sus sensores la única vía de aproximación al reducto, ya que su retaguardia se encontraba protegida por las ciénagas radiactivas, fruto de guerras largo tiempo olvidadas, que cubrían la región más septentrional del planeta. Las zonas habitables se encontraban protegidas por moduladores atmosféricos que mantenían a raya los vientos radiactivos, sin los cuales su civilización jamás habría existido.

Súbitamente los sensores comenzaron a fallar y sus monitores se llenaron de estática e interferencias similares a las producidas por los escapes radiactivos. ¿Habrían fallado las contramedidas en algún punto cercano? Pronto tuvieron la respuesta.

Por el estrecho pasillo que que comunicaba el búnker donde se encontraba la batería con el reducto que defendía, surgió una voluminosa figura equipada con la característica armadura del enemigo. Nadie podía explicarse como había llegado allí, y menos aún cuando su mente se nubló y comenzaron a sentir la debilidad y las nauseas que sabían era fruto de la radiación. Una radiación que el intruso parecía traer consigo.

Cuando este desenfundó sus extrañas pistolas, supieron que todo estaba perdido."

Enlil Nunsku, Moritat del Clan Vurgaan
Esta miniatura surgió de la idea de querer hacer una transformación con el capellán de la caja de Betrayal at Calth que fuese un poco más allá de cambiarle el arma cuerpo a cuerpo. Como además me apetecía montar un Moritat (una especie de asesino solitario armado con dos pistolas y granadas radactivas, que es una de las opciones en las que se puede convertir un cónsul en 30k) me pareció que podía ser la ocasión ideal para matar dos pájaros de un tiro.


La transformación fue bastante sencilla, aunque incluye varias piezas de diferente origen. Lo primero que hice fue separar las piernas originales del torso y quitarle los rollos de pergamino que porta en la cintura. Por lo demás lo único que tuve que hacer fue cortar el brazo de la pistola de plasma para ponerle otro con el codo doblado. Las piernas son las mismas que usé con una de mis escuadras de veteranos y pertenecen a la marca Kromlech. Mientras que la cabeza proviene de los packs de FW para los Manos de Hierro. Por último sólo tuve que añadirle un antebrazo derecho y una pistola Vokite.


El motivo fundamental por el que quería usar esta miniatura para montar al Moritat era la capa, que me parece que queda genial, y que quería pintar de un color terroso para representar que se trata de un cazador solitario que no tiene problema en atravesar desiertos radiactivos y pasar largo tiempo separado de la fuerza principal de la legión. Para pintarla usé el caqui de Vallejo con un lavado Agrax Earthshade y luces con el mismo caqui.

2 comentarios:

Enrique Zuloaga dijo...

Muy chula señor enhorabuena!

Will dijo...

Muchas gracias!

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