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22 sept. 2015

La tentación del entendimiento | La Cruzada Nafticó


"El fulgor verdoso de los depósitos de biosíntesis, en mitad de la penumbra de la estancia, iluminaba la infinidad de cables y conductos de alimentación que interconectaban los arcanos dispositivos que cubrían las paredes hasta el mismo techo. Una figura encapuchada se movía alrededor de los depósitos, haciendo pequeños ajustes en las diferentes consolas. Su mano, metálica y solo vagamente humana, accionó una palanca mientras una mecadendrita surgía bajo su túnica para conectarse a uno de los dispositivos que tapizaban las paredes, el cual comenzó a emitir un ligero y sordo zumbido mientras diferentes pilotos se encendían en su superficie.

La gelatinosa sustancia que llenaba los depósitos parecía vibrar fruto de la extraña energía verdosa que la recorría, provocando la formación ocasional de una pequeña burbuja que ascendía lentamente por el viscoso líquido hasta llegar a la superficie, donde explotaba sin el más mínimo ruido.

El magos, mientras sus circuitos cerebrales desarrollaban múltiples vías de cálculo de forma paralela, recapacitaba sobre los motivos que le habían llevado a refugiarse en la Nebulosa Nafticó. Como miembro de la secta Zethiana sus razonamientos y deducciones habían sido condenados por los superiores de la orden desde que alcanzase el título de magos y comenzase a realizar sus estudios de forma independiente. Sin embargo se habían visto obligados a tolerarle a regañadientes dados los excelsos resultados de producción que lograba en los Manufactorums bajo su control.

No obstante, cuando un adepto abraza la vía del entendimiento, sintiéndose libre de las ataduras del dogma de Marte, emprende un camino que ya ninguna autoridad impuesta puede frenar. Pronto sus estudios comenzaron a adentrarse por oscuros conocimientos considerados heréticos por muchos miembros de su orden, ciegos ante las realidades que la galaxia presentaba ante ellos. Así conoció los auténticos mecanismos subyacentes a muchas de las maravillas que incluso el propio Fabricador general se empeñaba en seguir considerando como meras muestras del poder de un dios omnisciente e incomprensible incluso para sus seguidores más fieles.

Él mismo había comprobado la auténtica santidad de estos conocimientos, el auténtico brillo de la gloria del Omnissiah presente en lugares a los que muy pocos se atrevían a acceder, considerándolos erróneamente como desviaciones de la verdad que el todopoderoso dios máquina había otorgado a la galaxia. Sin embargo era consciente de la futilidad de cualquier intento por hacer comprender esta realidad a los dirigentes de la orden.

Finalmente ocurrió lo que llevaba tanto tiempo esperando, ni siquiera sus poderosos aliados, pertenecientes como él a la secta, pudieron librarle de la excomunión y la condena.


Viéndose sin otra salida, y consciente de la necesidad de continuar sus vitales estudios, partió a bordo de la Entendimiento, su nave factoría personal, en busca de un refugio donde el dogmatismo descerebrado no pusiese límites a su intelecto.

Así recaló finalmente en la nebulosa Nafticó, donde la anarquía reinante le permitió instalarse fuera de las inquisitivas miradas de la orden de Marte. Allí encontró mundos devastados por la guerra, unos poblados de despreciables alienígenas, y otros dominados por las fuerzas de la ruina, que buscaban un punto desde el que extender su podredumbre por todo el Imperio.

Con el paso de las décadas comenzó a comprender la grandeza de muchas de las doctrinas predicadas por los que hasta entonces había considerado unos lunáticos herejes. Aunque su obsesión con la carne no les dejaba ver la auténtica magnificencia del poder de la máquina, reconocía en la libertad de su pensamiento una pureza que creía extinta en la galaxia. Poco a poco incluso pudo aprender algunos secretos de los corrompidos tecnomarines que los acompañaban, y las escasas barreras que aún existían en su mente explotaron para siempre.

Desde entonces, desde las cavernosas catacumbas de la Entendimiento, continúa explorando los misterios de la galaxia, libre de las trabas de la doctrina marciana, consciente de encontrase mucho más cerca del Omnissiah de lo que ningún Fabricador General ha estado jamás.

Sin embargo una nueva amenaza se cierne sobre la tranquilidad de su laboratorio, amenazando con interrumpir sus vitales estudios, dejando incompleto su camino hacia el conocimiento absoluto. Es el momento indicado para que el magos Arístides inicie los protocolos de reanimación de sus autómatas de combate, el momento en que sus fieles Skitarii deberán volver al campo de batalla, y en que el Imperio conozca la furia del entendimiento verdadero."


Para la próxima campaña que vamos a jugar quería escribir un trasfondo nuevo que justificase mi participación con el Mechanicum en el bando de los renegados, y así de paso tener una excusa para explorar otros aspectos del culto de Marte que no tendrían tanta cabida en la Logia Lemnia. El camino estaba claro, participaría con el Mechanicum Oscuro.

Quería que las motivaciones para convertirse en renegado de mi ejército fuesen más allá de la típica maldad que se presupone a los seguidores del Caos y, tras terminar de leer recientemente la estupenda trilogía sobre el Mechanicum que ha escrito Graham McNeill, me había quedado con ganas de meter el concepto de la secta Zethiana en el trasfondo. Esta secta, que aparece en el último libro de la trilogía, se basa en que sus adeptos buscan entender la ciencia y la tecnología, sin conformarse con la típica visión mística que de ellas tiene el Mechanicum. Esto por supuesto no es otra cosa que entender la ciencia como lo hacemos hoy día, pero evidentemente hay mucha gente en Marte que la ve como la peor de las Herejías. Me gustaba esta ambigüedad, y además me parecía una buena excusa para usar un ejército normal del Mechanicum como su antagonista Oscuro, así que decidí aprovecharla para crear al Magos Arístides, y su cónclave de Zethianistas.

Ahora solo queda seguir ampliando y enriqueciendo el trasfondo con lo que vaya sucediendo en la campaña.

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