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8 sept. 2014

Willadan Meltaur | Personaje Rolemaster

"Los primeros siglos de vida de Willadan transcurrieron en la tranquila seguridad de Imladris, donde los cantos no cesaban nunca, y las leyendas parecían cobrar vida en los relatos de los bardos. Así aprendió a amar las bonitas historias del glorioso pasado, y conoció todo lo que su raza había sufrido protegiendo las cosas que tanto amaba. Sin embargo también fue capaz de reconocer la avaricia que en ocasiones había guiado a sus antepasados, y la repudió como el estigma de su raza. Así nunca tuvo ojos para las joyas o las maravillosas creaciones de los orfebres, si no que sus ojos solo contemplaban con pasión los bosques en los que tan a menudo paseaba.


Sus días pasaban entre los árboles que rodeaban Imladris, cada uno de ellos le era conocido y a cada uno lo amaba de forma diferente, reconociendo sus pequeñas diferencias y apreciándolas por encima de todas las cosas.

Así llegó la Guerra del Anillo, tan solo un rumor lejano para Willadan, y tras ella la partida de su señor hacia el Oeste. Sin embargo Meltaur exploró las profundidades de su corazón y descubrió que solo allí en Rhuadur, entre los árboles que tanto amaba y a los que conocía mejor que a sus hermanos, podría ser feliz.

Así decidió permanecer allí junto a los hijos de Elrond, protegiendo los bosques, y vagando sin rumbo entre los últimos vestigios de su raza, hasta que todos los demás hubieron tomado el último barco al Oeste, pues su destino estaba ligado a la Tierra Media y nunca podría abandonarla.

El contacto de Willadan con los humanos había sido escaso a pesar de los siglos que había vivido tan cerca de ellos. Solo con los montaraces dunedain, que tan buenas relaciones tenían con el señor de Imladris, se había relacionado, y conocía poco de sus costumbres y menos aún de su espíritu indomable. Sin embargo, una vez solo en los bosques, rodeado de sus apreciados árboles centenarios, comenzó a encontrarse con humanos con más asiduidad, el tiempo de los hombres había llegado y estos empezaron a medrar y a ocupar los territorios que tiempo atrás les habían pertenecido. Así comenzó a notar como el amor por esta raza crecía en su corazón. La pasión y la entrega de estos, la intensidad y sinceridad de sus sentimientos le cautivó, y pronto comprendió porque se trataba de los elegidos del creador.

Sus pasos le acercaron cada vez más a los territorios de los hombres, maravillado por su sociedad, por aquellos seres cargados de pasión. Continuaba amando los bosques y la tierra pero notaba que su destino solo podía estar unido al de aquellos que habían heredado por derecho la Tierra Media. Así, decidió mostrarse ante ellos. Aunque inicialmente fue acogido con recelo, pues para muchos de ellos los elfos no eran más que criaturas de las leyendas, pronto aprendieron a disfrutar de sus inigualables canciones y de sus relatos cargados de épica y amor.

Sin embargo Willadan sentía que esto no era suficiente, debía ayudar a sus nuevos hermanos sin olvidarse de sus amados bosques. Se encontraba perdido, no sabía como encaminar su destino, hasta que los Faradin Aran entraron en su vida.

El servicio de montaraces del rey vio en él a una aliado sin igual. Un elfo conocedor de aquellos parajes como ningún humano podría soñar, y que llenaba de alegría y valor el corazón de sus compañeros con solo recitar unos versos. Junto a ellos vivió no pocas aventuras, enseñando a todo aquel dispuesto a escuchar los muchos conocimientos que había acumulado a lo largo de su siglos de vida, de modo que el poder de los montaraces creció, y él aprendió mucho sobre los elegidos de Iluvatar y su relación fue fructífera para ambos.

Así continuaron pasando sus días hasta que una noticia inesperada llegó del oeste y Willadan partió para ponerse al servicio de un nuevo señor...."

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