Google+

4 jul. 2014

La Maldición de Solumque | Trasfondo


"El año 969.M40 marcó el destino de Solumque, un pequeño planeta situado en un recóndito sistema del Segmentum Obscurus. Hasta entonces la vida de Solumque había sido plácida para la mayoría de sus habitantes. Los cultivos que cubrían la mayor parte de su superficie permitían exportar grandes cantidades de alimento al resto del sistema, manteniendo una economía estable y próspera. La gobernadora planetaria, que dirigía el destino del planeta desde hacía más de 20 años, había seguido una política destinada a mejorar la vida de los agricultores y las clases trabajadoras del planeta, dispuesta a evitar los disturbios que había causado la política de mano de hierro de su antecesor, lo cual había llevado a un clima de paz como Solumque jamás había conocido.

Sin embargo, en aquel año la órbita del planeta vio la llegada de una partida de guerra formada por los mil veces malditos marines traidores. Sus antiquísimas naves, llenas de herrumbre, presentaban claros signos de haber sido corrompidas por la disformidad. Algunas partes de ellas habían cambiado hasta parecer órganos vivos de un ser en descomposición, que drenaban al espacio ingentes cantidades del contenido pútrido de las innumerables llagas y pústulas que tapizaban su superficie.

El interés de los traidores en aquel planeta nunca estuvo claro, pero la virulencia de su ataque no dejaba tiempo para tales investigaciones. Una vez terminaron con las escasas defensas orbitales, las naves de los enemigos del Imperio comenzaron a bombardear Comburet, una de las dos grandes ciudades colmena del planeta. Sus proyectiles atravesaron sus cúpulas más altas de la ciclópea construcción y pronto comenzaron a deteriorar su integridad estructural, hasta que toda la ciudad se colapsó sobre si misma matando a millones de personas en el proceso. Pero el ataque no se limitó exclusivamente a las ciudades, pues sus bombas, dotadas de algún tipo de munición tóxica o radiactiva, impactaron también contra los inmensos campos, malogrando los cultivos sin recoger y causando mutaciones en las plantas hasta hacerlas irreconocibles, terminando así con el modo de subsistencia del planeta.

El resto de la población corrió a ocultarse en los escasos refugios con los que contaban algunas de las localidades del planeta, mientras los que vivían en las inmediaciones de Vulkania, la mayor de las dos ciudades colmena y la única que seguía en pie, se guarnecían en la dudosa seguridad de su estructura.

El bombardeo continuó durante semanas, aunque los escudos con los que contaba Vulkania, que no se habían usado desde tiempos legendarios, soportaron la peor parte de este, manteniendo a la ciudad a salvo. Sin embargo, en ese momento, los traidores comenzaron a descender a la superficie, dispuestos a terminar con la última resistencia de los pobladores.

Todo parecía perdido cuando los pútridos marines rodearon la estructura y comenzaron a avanzar respaldados por sus enormes máquinas de guerra, sin embargo ,en ese momento, los protectores del planeta aparecieron para hacer honor a su juramento.

A pesar de su escasa importancia, Solumque era un planeta con una larga historia, cuya colonización se remontaba a los tiempos de la Gran Cruzada, en los que la XVIII legión, los Salamandras, lo habían anexionado a la gran visión del Emperador. Los hijos de Vulkan habían continuado su camino tras la colonización, dejando a los humanos la libertad de dirigir sus destinos, pero con la promesa imperecedera de acudir en su ayuda cuando fuese necesario. Ahora, 10.000 años después, los ángeles de la muerte regresaban a cumplir su palabra.

La nave insignia del capítulo irrumpió en el sistema acompañada de la flota imperial al mando del Inquisidor Ibarbo, y rápidamente borró del espacio a la flota enemiga, menor en número y cogida por sorpresa. Sin embargo los apestosos marines portadores de la plaga y la descomposición se encontraban en la superficie, asediando Vulkania, la ciudad cuyo nombre honraba al primarca de los astartes que ahora se desplegaban en sus rugientes cápsulas de desembarco y cañoneras, hostigando la retaguardia enemiga.

Las siguientes semanas desataron una guerra como Solumque jamás había presenciado, los astartes leales y los traidores desplegaron todo el poder de su maquinaria bélica, y los ejércitos de la Guardia Imperial sumaron su enorme número y potencia de fuego a la contienda, devastando la ya de por si castigada superficie del planeta. Cuando la batalla terminó el Imperio controlaba una vez más Solumque, aunque el precio había sido muy alto.

Fuera de los márgenes de Vulkania el planeta se había convertido en un yermo páramo en el que abundaban los desiertos tóxicos y las formaciones de una extraña y terrible vegetación fruto de las mutaciones provocadas por las arcanas armas que los traidores habían empleado en su bombardeo. Tal era la situación que el Inquisidor Ibarbo decretó que el planeta estaba perdido y debía ser sometido a un Exterminatus para asegurar que aquella plaga no se extendiera por el sistema. Aquello implicaba sentenciar a muerte a los millones de fieles ciudadanos que aun se refugiaban en Vulkania y por los que tantos soldados del Imperio habían dado sus vidas, algo que Tu'Shan no podía permitir que sucediera.

El señor del capítulo de los Salamandras intercedió ante el Inquisidor pero este se negaba a atender a razones y ordenó iniciar los preparativos para el bombardeo con cabezas ciclónicas. Sin embargo, algo ocurrió. En los últimos momentos Tu'Shan irrumpió en el strategium de Ibarbo y con su férrea voz de mando ordenó que todos los oficiales abandonaran la sala. Los mortales, incapaces de no resistirse a la orden de un astartes obedecieron, y el propio Inquisidor se quedó a solas con el Señor del Capítulo, incapaz tampoco de llevar la contraria a aquel superhombre. Lo que hablaron en aquel momento es un misterio que jamás ha sido revelado por ninguno de los dos, pero el hecho cierto es que Ibarbo ordenó poner fin al Exterminatus y preparar a la flota para abandonar el sistema, dejando el destino de Solumque en manos de los Salamandras.

Desde entonces han pasado 20 años, en los que el planeta solo ha sobrevivido gracias a los recursos que recibe a través del puerto espacial de Vulkania, mientras sus ciudadanos tratan de encontrar nuevas formas de reactivar su economía, fundando nuevas factorías y yacimientos bajo la ciudad colmena, pues el resto del planeta se ha mostrado incapaz de reponerse de las heridas sufridas. Las bandas de saqueadores y refugiados de la ley se multiplican en sus tóxicos desiertos, y criaturas cada vez más extrañas surgen de sus retorcidos y malolientes bosques, mientras las mutaciones se multiplican en las personas que se alejan de la seguridad de Vulkania.

La realidad de la enfermedad que sufre Solumque solo es conocida por unos pocos en toda la galaxia, pues su secreto está enterrado en lo más profundo de la mitología de los tiempos pasados. El bombardeo perpetrado por los traidores tuvo un efecto que nadie era capaz de prever, pues las cabezas de las bombas empleadas por estos encerraban una tecnología olvidada desde épocas anteriores al Imperio, los Condensadores de Entropía. Basados en tecnología disforme estos condensadores eran capaces generar focos de entropía que arrastraban a la decrepitud y la descomposición a planetas enteros, manejando fuerzas desconocidas para la humanidad. Esto había permitido a los traidores vincular a sus vomitivos aliados de la disformidad creando unos proyectiles demoniacos de pura entropía, que amenazaban con desestabilizar la estructura misma del planeta con el paso de los años desde los sitios escondidos donde cayeron 20 años atrás, de modo que solo su desactivación podría salvar a Solumque de un destino aun más aciago.

Aquí comienza nuestra historia, pues retazos susurrados de esta información han llegado a oídos interesados que pueden cambiar para siempre el destino de Solumque."

Hace tiempo que  tenemos ganas de jugar una campaña de un juego de escaramuzas, y con el descubrimiento del Book of the Arbitrator hemos encontrado la manera perfecta de poder hacerlo usando las reglas ampliadas de Necromunda que incluye.

La idea es jugar algo sencillo, que sea rápido aunque nos deje evolucionar, y que el esfuerzo de organizarla y llevarla al día no sea excesivo.

Vamos a jugarla entre los tres habituales del blog: Luis, con su banda de adoradores del dios de la putrefacción, Fada con sus supervivientes organizados por el bien intencionado marine, y yo con la tripulación de la Resurgimiento:

- Los Nietos de la Entropía: Entre los que pueblan la enfermiza superficie no son pocos los que han decidido abrazar aquello que el Imperio considera maligno y prohibido, pues creen que solo la ignorancia y el miedo causan esta prohibición. La comunión con su benefactor les hace más resistentes y poderosos, ¿como puede ser eso malo? Entre ellos existen múltiples creencias e interpretaciones, que en muchas ocasiones han llevado a la guerra abierta entre las diferentes bandas. Pero ahora, una de ellas, conocida como Los Nietos de la Entrpía, ha sido elegida para la gloria. Guiados por las visiones de su profeta, Sudario, han recibido la misión divina de proteger los receptáculos del poder de su dios que están trayendo la salvación al planeta.

- El Refugio: Los escasos supervivientes de Comburet que no han sucumbido a las mutaciones o a las bandas de salvajes que pueblan los desiertos tóxicos de Solumque siguen aguantando organizados en una pequeña comunidad bajo los restos de la ciudad colmena. Sin embargo no están solos, porque los Salamandras han descubierto la realidad tras el destino que está sufriendo el planeta. El capítulo, al no poder actuar públicamente puesto que esto llamaría la atención de la Inquisición, que no dudarían en borrar Solumque de la galaxia si descubriera el cáncer que lo infecta, ha enviado a uno de sus astartes para que, organizando a los pobladores del Refugio, trate de eliminar el mal que está consumiendo al planeta.

 - Jason Jasper: Los contactos de un Rogue Trader son misteriosos y sorprendentes, pues consiguen información oculta para muchos por el mero poder de su carísma (y de su fortuna, claro). Así fue como Jason Jasper descubrió la existencia de los condensadores cuando un refugiado escapado de Salumque le habló del extraño artilugio que había encontrado en una cueva. Cuando este le describió la tecnología que portaba aquel artefacto Jason supo de inmediato que se abría ante él una oportunidad que no podía dejar escapar. ¿Podría eso mejorar su ya espléndida nave? ¿qué precio podría alcanzar aquello en los mercados interxenológicos que solo unos pocos afortunados conocían? Solo había una forma de responder a estas preguntas, de modo que la Resurgimiento puso rumbo a Solumque,

1 comentarios:

Señor Serviorco dijo...

Bueno, bueno, bueno...De nuevo en la brecha!!!
Seguiré el destino del planeta y la evolución de las facciones.
Un saludo

Publicar un comentario