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12 may. 2014

Lodegan McBederberg | Rogue Trader

Lodegan McBederberg
"Aquella espesa vegetación llegaban a sofocar los sentidos. Las enormes flores con pétalos de múltiples colores surgían aquí y allá entre la foresta de tonos azulados y desprendían un fuerte y dulzón olor, que combinado con la humedad del ambiente parecía bañar al ratling mientras esperaba paciente el siguiente movimiento de su presa.

Tras dos semanas de búsqueda sin descanso había localizado al Hexacórnido en una estrecha ensenada cuya única salida era perfectamente visible desde la posición de Lodegan. El experto cazador sabía que aquel ser de inmensas proporciones, a pesar del aspecto burdo que le daba su extraña morfología, estaba dotado no solo de un olfato difícil de igualar en toda la galaxia, capaz de sobreponerse al intenso aroma de la vegetación y localizar a sus depredadores a kilómetros de distancia, si no también de una inteligencia que le permitía  tender trampas que convertían a los cazadores en cazados.

Sus dos cabezas, coronadas por las triples cornamentas que le daban nombre, parecían ser capaces de integrar una cantidad de información sensorial que hacía casi imposible sorprenderle, pero su pelaje azul era un trofeo que el ratling no iba a dejar escapar.
 
Mientras esperaba pacientemente a que la criatura abandonase la ensenada introdujo un nuevo proyectil envenenado en su rifle de agujas, escuchando el confortable siseo de la cámara de propulsión al llenarse del gas propulsor. Podía sentir el sudor brotando de las matas de pelo de sus enormes pies, y corriendo entre sus dedos, y como se le empapaba la cinta ritual que siempre cubría su frente, pero nada de eso le haría desistir en su empeño. Había recorrido media galaxia coleccionando las piezas más exóticas y los desafíos más osados, especialmente desde que su destino se uniese al del joven Jason Jasper.

La espera, el sofocante calor, y el cansancio de los muchos días entre la espesura, hicieron que su mente comenzase a vagar entre los recuerdos de los tiempos en que nunca hubiese soñado con recorrer la galaxia, confinado en su planeta, a las órdenes de las fuerzas de defensa planetaria. Sin embargo, aquellos recuerdos, solo podían evocar dolor. La muerte de sus camaradas, de su familia, de su querida esposa y de su vástago, eran los únicos recuerdos que conservaba realmente de su anterior vida. Kamikzia había ardido, y él había sido testigo. Los sucios pieles verdes habían arrasado su superficie, y solo el bombardeo orbital indiscriminado había librado al resto del sistema de ser engullido por su insaciable hambre de lucha. Pero eso no era algo con lo que el ratling pudiese vivir, su vida había perdido su sentido ante semejante deshonor, y las tradiciones de la estricta sociedad en la que había sido educado exigían de él una retribución.

En aquel día, mientras el transporte le evacuaba junto a los escasos supervivientes de la masacre firmó su juramento con su propia sangre, y anudó por primera vez la cinta ritual en su frente. Nadie sabía exactamente qué era los que Lodegan había jurado ni a quién, pero nadie que lo hubiese conocido lo suficiente dudaba de su férrea determinación a la hora de darle cumplimiento.

Desde entonces había recorrido innumerables puertos y estaciones espaciales, había pisado más planetas de los que podría recordar, desempeñando los más diversos trabajos o vendiendo sus indudables capacidades como cazador sin importarle demasiado de donde viniese el dinero, ya que su lealtad hacia el imperio se basaba ahora solo en el miedo al poder con que este le podía aplastar en un abrir y cerrar de ojos.

Sin embargo llegó el día en que su vida volvió a cambiar inesperadamente.

Lodegan había aceptado un duro trabajo en una estación espacial de la que ni siquiera recordaba el nombre. El hangar donde se encontraba apestaba a sudor y refrigerante hidráulico y la suciedad llegaba hasta los tobillos en algunas esquinas, pero se trataba de único refugio que los trabajadores podían encontrar en toda la estación, pues sobre la improvisada barra formada por planchas de plastiacero arrancadas de alguna pared y tendidas sobre unos oxidados bidones, servían un veneno al que algún gracioso había bautizado como Agüita. No se podía comparar con el delicioso licor que los McBederberg habían destilado durante generaciones, pero servía para adormecer la conciencia y hacer más soportable el trabajo.

Mientras tragaba aquel asqueroso líquido, sentado en la que ya había convertido en su mesa habitual, pudo ver como un grandullón calvo entraba en el hangar y preguntaba algo al camarero. Por los colores de su guerrera y el símbolo bordado en su gabardina pronto comprendió que se trataba de uno de los tripulantes de la última nave que había atracado en la estación, un bonito navío con el pretencioso nombre de Resurgimiento.

El interés del ratling en el nuevo visitante creció súbitamente cuando vio como el camarero señalaba hacia donde él se encontraba, y el enorme calvo se dirigía hacia su mesa sin dudarlo:

- ¿Qué tal, puedo sentarme? - Preguntó el hombre calvo

- No lo se, ahí tienes una silla, compruébalo tú mismo - Respondió Lodegan con ironía.

- Muy gracioso, pequeñín - El ratling sintió como se tensaba su cuerpo ante aquel insulto - Pero no estoy aquí para hacer bromas, mi nombre es Luxor Wacken, y estoy aquí para ofrecerte el mejor trabajo que hayas tenido, y puede que el último.

Tras unos instantes sopesando la situación Lodegan respondió con un gesto de la mano, invitando a su interlocutor a continuar hablando.

- Me han dicho que sabes usar un rifle, y que tienes buena puntería además. No deberías estar malgastando tus habilidades en este estercolero. - Aquello empezaba a gustar a McBederberg - Mi capitán busca gente como tú, y creo que te verás recompensado en muchos aspectos.

El ratling nunca supo como Jasper había conocido su historia pero en cuanto tuvo la primera conversación con él se dio cuenta de que era a su lado donde debía estar, aquel y no otro era su lugar.

Su mente de cazador le sacó de su ensimismamiento en cuanto la criatura se puso a tiro, y con un gesto automático fruto de la experiencia llevó el rifle de agujas a su hombro y apuntó en un instante.

El único sonido que emitió el arma al lanzar su mortífera carga fue un siseo similar al de un hoja al caer del árbol. En un parpadeo el ratling realizó dos disparos, cada uno dirigido a una de las arterias principales de los dos cuellos de la bestia, pues era consciente que solo matando ambos cerebros el Hexacórnido caería, y en cuanto el veneno penetró en su torrente sanguíneo un espasmo mortal se apoderó de la criatura que cayó exánime al suelo entre un gran estruendo."


Con las reglas del el Book of the Arbitrator no podía dejar pasar la oportunidad de incluir a un ratling en la tripulación de la Resurgimiento, sobretodo después de haber conseguido las miniaturas antiguas por ebay.

Para pintarla apliqué el mismo esquema que al resto de la banda, y Esas patillas pedían a gritos un origen británico y un tono anaranjado, así que ya van dos pelirrojos en esta banda de desarrapados.


1 comentarios:

Señor Serviorco dijo...

Jajaja!!!
Me encanta como estas completando la banda de Jasper, tanto en variedad como con los relatos. Ese hobby de calidad...

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