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20 feb. 2014

Luxor "Pulgas" Wacken | Rogue Trader


"El sonido del percutor al golpear sobre vacío le avisó de que necesitaba recargar su pistola bólter, pero pronto se dio cuenta de que no sería necesario. Entre los destellos intermitentes de las bandas luminiscentes adheridas a las paredes, y deterioradas por los impactos de los proyectiles explosivos, se podían observar los restos sanguinolentos y agujereados de sus víctimas. Para muchos quizá él y sus compinches no fuesen más que unos sucios asesinos, pero Luxor creía en su causa más que en cualquier otra cosa en la galaxia.

Avanzó por el oscuro pasillo deseando a cada paso no estar pisando tierra firme. Por muchos años que pasaran, los nacidos en el vacío nunca se acostumbraban a a aquella espeluznante rigidez, a aquella falta total de vibración.

- Chicos, estad atentos, seguro que aún hay más de esos perros escondidos en alguna esquina, y Jason no quiere que dejemos a ninguno con vida - Dijo por encima del hombro, aunque no le hizo falta girarse para saber que sus muchachos le seguían.

La humedad se filtraba entre las paredes del edificio prefabricado, formando grandes manchas de óxido y pequeños charcos en el suelo que en algunos puntos aparecían congelados y reflejaban los intermitentes destellos de las malogradas luces. El desagradable frío condensaba su aliento mientras hablaba y atravesaba su gabardina como si no fuese cubierto por ningún abrigo.Aquello le encantaba a Luxor, le recordaba al frío galáctico, y le hacía sentirse confiado.

Avanzaron por el estrecho corredor que recorría toda la planta baja del edificio revisando todas las pequeñas habitaciones que se abrían a ambos lados, pero aquello parecía desierto. Sin embargo, súbitamente, el mercenario se detuvo y levantó su puño derecho, había oído algo. Un poco más allá el pasillo giraba a su derecha y Luxor estaba seguro de que alguien los estaba esperando. Una mirada bastó para que uno de sus hombres, que se habían detenido a su orden, le alargara una de las granadas que llevaba en el cinturón. Luxor quitó la anilla y la lanzó con un gesto seguro hacia la esquina cercana. La granada, en cuanto tocó el suelo, emitió un intenso destello que llenó el corredor de una pura luz blanca.

El mercenario se lanzó hacia delante y giró la esquina con rapidez para encontrarse a otro de los hombres de la corporación Genuer. Sorprendido y cegado por el destello de la granada fotónica el desafortunado soldado no pudo reaccionar cuando la espada sierra de Luxor dibujó un amplio arco y se incrustó en el espacio entre su cuello y el hombro derecho. La hoja mecánica destrozó la clavícula y desgarró el pulmón hasta llegar al corazón de su víctima, que murió bañada por su propia sangre.


Luxor Wacken escupió sobre las letras dibujadas en la espalda del cadáver que acababa de mutilar. Aquellos cerdos llevaban con orgullo el nombre de la corporación, quizá fuesen ignorantes de a quien defendían, pero eso a Luxor eso no le importaba, eran el enemigo y debían morir por todo lo que le habían hecho sufrir. 

Recordaba perfectamente esas letras escritas una y otra vez en las paredes, la ropa, los utensilios, y todo lo que le había rodeado durante su espeluznante niñez. Pero recordada aun mejor los abusos a los que su familia había sido sometida, el interminable sufrimiento de su padre, siempre enfermo y envejecido prematuramente por los trabajos inhumanos a los que era arrastrado en las entrañas de aquel enorme carguero. Hasta que Luxor no cumplió diez años ni siquiera fue consciente de que existía un universo más allá de las oscuras y asfixiantes cubiertas inferiores de la nave, y solo supo que el nombre de su tumba en vida era el Cronium, un transportador de la clase Universo perteneciente a la corporación Genuer, cuando ya sumaba quince. Desde entonces su único propósito en la vida había sido algo que le estaba vedado, salir algún día de aquella nave.

Pasó sus años de adolescencia escondiéndose en los lugares más recónditos de las cubiertas de carga, escapando sin descanso de los guardias de la corporación, y saboteando las mercancías y todo aquello que se pusiese a su alcance. Sin embargo sus sueños de juventud tardaron muchos años en verse cumplidos, y llegaron de la mano de un joven e intrépido capitán, Jason Jasper.

Cuando las luces de emergencia tiñeron de rojo los normalmente oscuros y asfixiantes pasillos en los que vivía, comprendió que aquella era su oportunidad. La nave estaba siendo atacada y él ayudaría a quien estuviese detrás de aquello. Súbitamente una voz desconocida surgió de los sistemas de comunicación:

- Al habla el capitán Jasper de la nave Resurgimiento. Sus sistemas de armamento se encuentra inoperativos, pero su estúpido capitán se niega a rendirse. Este es un llamamiento a aquellos que, como yo, han sufrido la perversidad y el egoísmo de la corporación Genuer. Ha llegado el momento de luchar por la libertad y hacerles pagar todo lo que os han hecho...

La comunicación se cortó súbitamente, pero el caos ya se había desatado en las cubiertas inferiores del Cronium. El propio Luxor dirigió a su banda de proscritos hacia las zonas que hasta entonces les habían sido vedadas, y armados con piezas de maquinaria y las armas de los guardias que fueron reduciendo, se cobraron buena cuenta de sus años de sufrimiento, subiendo cada vez más, cubierta tras cubierta, mientras más y más parias de la nave se unían a su causa y formaban una marea imparable. Pasaron las horas y el frenesí salvaje que se había apoderado de ellos no les abandonó hasta que se encontraron donde jamás habubisen creído que llegarían, ante la puerta del puente de mando. Esta se encontraba abierta, y era evidente que no eran los primeros en llegar.

Cuando Luxor atravesó el umbral sus labios se estiraron en una amplia sonrisa. Arrodillado en el suelo, derrotado y tembloroso, se encontraba un hombre obeso vestido con unas ricas ropas de bordados dorados, rasgadas en múltiples sitios de los que brotaba, babeante, su propia sangre. Luxor Wacken lo reconoció al instante, había visto su grasienta cara miles de veces en los innumerables retratos que poblaban la nave, se trataba del capitán Sterling. Frente a él un joven de pelo cobrizo y grandes patillas parecía disfrutar tanto como Luxor del patetismo de Sterling mientras le apuntaba con una extraña pistola.

- Adelante amigo - dijo el joven dirigiéndose a Luxor - creo que te gustará ver esto.

Las súplicas del maldito capitán subieron de volumen cuando reconoció en el tono de su vencedor el inevitable final que le esperaba, pero cesaron súbitamente cuando la pistola emitió un siseo y la obesa cabeza de Sterling se partió en dos a la altura de los ojos.

Desde entonces Luxor se unió a la causa de Jasper, que era la suya propia. Su indudable carisma y su falta de escrúpulos hivieron de él el líder perfecto para el creciente grupo de descontentos e inadaptados, que bien buscando algún tipo de justicia personal, o simplemente en busca de fortuna y sustento, habían unido sus destinos a la tripulación de la Resurgimiento y su intrépido capitán."


Luxor "Pulgas" Wacken es el último tripulante de la Resurgimiento, que he pintado, un tipo duro nacido en el vacío que dirigirá a los mercenarios contratados por Jason Jasper para su causa. Una vez más se trata de una miniatura de Reaper y sigo usando el rojo y el verde para unificar a la banda. Estoy dudando si añadirle una espada sierra en la mano derecha ya que va a ir equipado con ella.

Parte del trasfondo se me ocurrió haciendo una ficha para el Dark Heresy, así que también lo voy a usar para jugar a rol, pero en el séquito inquisitorial usará las reglas de un Sacerdote del Ministorum y, sobretodo, estas miniaturas espero usarlas para jugar escaramuzas.


2 comentarios:

Señor Serviorco dijo...

Ay, los nacidos en el vacío, que trasfondo tan guapo...
Esta gama de Reaper siempre me ha gustado, y pintadas te están quedando muy bien. Buena banda y con buena historia.
Yo, a título personal y totalmente volitivo, no le pondría la espada sierra salvo enfundada, me mola la mini como está y no como sargento de unidad estandar.
Saludos

Will dijo...

Gracias!! me apunto lo de la espada

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