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7 dic. 2012

Las entrañas de la bestia (II) | Guanteletes del Infinito

Aqui traemos la continuación del relato que habíamos empezado sobre el asalto de los Guanteletes del Infinito a gran pezio del Waaagh de Bumb el Negro:

"El ancho corredor por el que avanzaban en ese momento estaba flanqueado por una amalgama de restos de indescifrable origen. La pared de su derecha se elevaba hasta un techo invisible desapareciendo en la oscuridad, mientras que la izquierda parecía una enorme barricada de cinco metros de altura formada por restosde incontables orígenes diferentes, fusionados gracias a la presión de su propio pesa y a la energía d elos imapactos que habían formado el pecio. Con un ensordecedor estruendo, la pared se desplomó junto a los marines de vanguardia atrapando bajo su peso al más cercano de ellos. Entre los escombros, el polvo levantado y la oscuridad apareció una figura enorme, una bestia mecánica de más de dos veces la altura de un marine.
Se trataba de una insultante alegoría de uno de los venerados dreadnoughts, una carcasa de acero doblado bajo los golpes de innumerables martillazos del que brotaban tres brazos mecánicos rematados por unas sierras circulares del tamaño de un vehículo civil, y un crepitante lanzallamas que pronto vomitó su letal carga sobre los astartes. El corredor se vio sumido en un infierno de llamas, y Éumenes vio como los indicadores de alarma se encendían ante la alta temperatura. Su servoarmadura resistió, aunque el cambio de azul a rojo de una runa en el extremo de su visor le indicó que el hermano Apostanes no había tenido tanta suerte.
El retumbar de los disparos de bólter se hizo omnipresente exactamente dos segundos después de la aparición de la monstruosidad mecánica, pero los proyectiles explosivos parecían inefectivos contra su blindaje. Los brazos del dreadnought comenzaron a moverse en todas direcciones intentando atrapar a sus enemigos en el reducido espacio que ocupaban. El sargento pudo ver como el hermano Sántor se agachaba justo a tiempo para evitar se decapitado por uno de ellos, mientras otro de los brazos partía por la mitad al hermano Arthiano.

- Granadas perforantes, aproximación Dorn epsilon.

Como un solo hombre los astartes se situaron en sus posiciones grabadas a fuego por los años de disciplinado entrenamiento. Tres de ellos se situaron frente a su enorme enemigo, disparando sus bólters mientras las granadas dibujaban un arco por el aire. Las explosiones resultantes arrancaron uno de los mortíferos brazos del dreadnought y dañaron su caparazón, pero siguió operativo. Sirviéndose de la confusión creada por sus hermanos los otros dos marines supervivientes y el sargento Éumenes trataron de rodear a su enemigo para situarse en su desprotegida retaguardia. Éste no se dejó engañar y, con un movimiento vertical, impactó contra la placa pectoral de la armadura del hermano Ondino desgarrándola y clavando su inmensa sierra profundamente haciendo brotar una cascada de sangre arterial que roció la cercana pared. Sus dos corazones habían sido seccionados y el marine cayó al suelo convertido en un amasijo de sangre y ceramita.
El sargento, ya en la retaguardia de su enemigo, que no conseguía voltearse en un espacio tan reducido, desactivó el cierre magnético que mantenía la carga de fusión adherida a la protección de su muslo y se dispuso a activarla. El resto de su escuadra trataba de no caer en las garras del dreadnought mientras disparaban todo lo que podían contra él, buscando los posibles puntos débiles de los sistemas hidráulicos y las capas de blindaje. A pesar de los pequeños incendios repartidos por su superficie y de los innumerables desperfectos que mostraba su caparazón, éste se mantenía en pie, amenazante. Con un movimiento de barrido seccionó las piernas de uno de los marines que permanecían frente a él, mientras el otro brazo que le quedaba tanteaba hacia atrás intentando terminar con la amenaza en su retaguardia. El enorme brazo mecánico impactó con su codo hidráulico contra el sargento, derribándolo y mandando la carga de fusión lejos de su alcance, entre las patas de su enemigo. Ante la desesperación de ver morir a sus hermanos y de haber perdido su arma más eficaz, Éumenes gritó su lealtad al Emperador y se puso rápidamente en pié. En ese momento solo cuatro astartes continuaban operativos y la matanza no podía continuar. Ciego de ira Éumenes se lanzó bajo el dreadnought esquivando en el último momento un nuevo ataque destinado a abrirlo en canal. El grito que escuchó a su espalda le indicó que la sierra finalmente había alcanzado un objetivo. Desesperado, alcanzó la carga de fusión y la pegó en la parte inferior de la carcasa de la monstruosidad mecánica.
Mientras giraba para alejarse de su enemigo los dos hermanos supervivientes se retiraron mientras lanzaban sus últimas granadas. El dreadnought, intuyendo su final descargaba su lanzallamas en todas direcciones intentando girar y moviendo desesperadamente los brazos que le quedaban, cuando la carga se detonó finalmente con el brillo de una pequeña estrecha.
Cuando los tres marines supervivientes salieron de sus coberturas comprobaron como el metal fundido por la explosión, aun al rojo vivo bañaba toda la superficie del pasillo. Su enemigo había sido derrotado pero con el tremendo coste de la vida de cinco de sus hermanos. Ptolomeo, Sántor y su sargento, continuaron avanzando hacia el punto de reunión conscientes de que deberían luchar por cada centímetro de terreno"

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