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12 may. 2012

Queronea | WH40K

 
Nombre: Queronea Prima
Segmentum: Solar
Sector: Limbicum
Sistema: Queronea
Población: 10.000.000
Clase: Planeta natal Adeptus Astartes (Guanteletes del Infinito), Mundo Letal
Diezmo: Adeptus Non


Las imágenes de las holopantallas mostraban un patrón de ataque sin precedentes. Desde que la fundación del capítulo les otorgase el honor de la defensa del planeta, las ofensivas contra la fortaleza habían sido frecuentes, pero ninguna tenía paragón con la que se estaba desarrollando ante sus ojos. Los xenos concentraban el grueso de su ataque contra el sector sur, sin duda el punto más resistente de la fortaleza, a pesar de lo cuál la violencia de la ofensiva era de tal magnitud que no podía estar seguro de que fueran a resistir. Tres enormes criaturas mecánicas, similares a versiones increíblemente estilizadas de los dioses de la guerra de la Legio Titanica, descargaban toda la potencia de sus armas contra las murallas de rococemento de un kilómetro de grosor, obligando a los astartes a concentrar todos sus efectivos en el sector. Como sucesores de los gloriosos Puños Imperiales las estrategias de defensa planetaria y de asedio eran su especialidad, marcadas a fuego en su código genético, y sabían que la iniciativa, incluso en la defensa, nunca se podía otorgar al enemigo. Sin embargo aquello era precisamente lo que estaba ocurriendo.Desde su sillón de mando en lo más alto de estrategium, y conectado a los sistemas de biocontrol de las defensas, podía seguir el desarrollo de los acontecimientos hasta el más mínimo detalle. Los vectores de despliegue táctico confluían demasiado, de modo que los protocolos de apoyo se habían debilitado sensiblemente, corriendo el riesgo de que una maniobra de flanqueo bien orquestada pudiere sobrepasar sus líneas en otro punto. Sin embargo la envergadura del ataque obligaba a responder de este modo. Esto hacía que Thanos, señor del capítulo de los Guanteletes del Infinito, se sintiera inquieto, lo cuál, tratándose de alguien cuyo carácter había sido comparado con la solidez del palacio imperial de Terra, no era nada desdeñable.

Controladas con el sólo pensamiento del comandante, las baterías de defensa inercial, con sus cañones del tamaño de edificios, descargaban todo su poder destructivo sobre las ciclopeas máquinas de guerra alienígenas. Sin embargo éstas parecían estar protegidas por algún tipo de escudos de vacío y los únicos daños que sufrían eran superficiales. Mientras tanto la vanguardia de los xenos continuaba avanzando metro a metro, ocupando ya los escombros más periféricos de la línea de defensa. Protegida por la cobertura que estos le otorgaban, progresaba con sorprendente rapidez. Decidido a tomar las riendas de la situación cuanto antes Thanos intensificó el fuego, centrando las baterías sobre uno de los titanes. La energía crepitaba en torno a este con cada detonación convirtiéndolo en una figura borrosa tras la pantalla de luz. No redujo la presión a pesar de los indicadores que parpadeaban en los visores de su armadura alertando de la elevada temperatura de los sistemas de defensa, si mantenía mucho tiempo está sobrecarga corría el riesgo de que una explosión en cadena destruyera gran parte de la fortaleza.

La inmensa detonación le hizo pensar durante un momento que una de las baterías había explotado, pero una rápida comprobación de las consolas le permitió confirmar la integridad de los sistemas. La cegadora luz que había inundado el campo de batalla tenía su origen más allá de las líneas de defensa. El fuego sostenido había atravesado finalmente los escudos del ingenio mecánico y la descarga de una de las lanzas de plasma montadas sobre las inmensas torres de la ciudadela había impactado sobre la unión que articulaba una de sus ciclópeas piernas con el torso de anatomía alienígena, arrancándola de raíz. Desestabilizado al perder uno de sus puntos de apoyo, el titán se precipitó sobre las filas xeno. La enorme distancia y el inmenso tamaño del titán hicieron que a Thanos le diese la impresión de que caía a cámara lenta. Pudo ver con detalle como aplastaba decenas de tanques y soldados enemigos, sin embargo esto no fue nada comparado con la devastación que se produjo a continuación. La explosión del reactor que dotaba de energía al titán causó una deflagración que engulló las filas xenos en un instante. El plasma incandescente chocó contra las murallas como la marea contra los alcantilados. El titán más cercano sufrió daños críticos en sus piernas y comenzó a desplomarse mientras se fundía al contacto con el plasma. La victoria parecía estar una vez más en sus manos cuando la runa de alarma se encendió en sus visores.

Las lecturas del auspex resultaban muy desconcertantes. Sin duda aquellos datos correspodian a guerreros xeno pero era complicado determinar su posición exacta, ya que esta cambiaba casi a cada instante. Ese era el movimiento que había estado esperando.Frente a las murallas la batalla había entrado en un punto muerto mientras los enemigos, aturdidos tras la apocalíptica explosión, se reagrupaban en torno al titán superviviente, manteniendo su constante bombardeo contra las murallas. Thanos desconectó su armadura de los sistemas de control y otorgó el mando del estrategium a Seleuco, comandante de la fortaleza y primer cruzado de la Tracia, el consejo de oficiales del capítulo. Con un solo gesto de su mano las tres figuras que habían permanecido inmóviles a su espalda mientras dirigía la defensa le siguieron en silencio mientras salía de la sala de mando. Ninguno le preguntó su destino, ni lo hubiese hecho aunque los votos de silencio que habían realizado tanto tiempo atrás se lo hubieran permitido, su deber era obedecer y proteger al señor del capítulo allá donde este lo dispusiera. Mientras los informes que ofrecían los servidores de vigilancia inundaban las lentes de su casco y los oficiales de comunicación expresaban su falta de comprensión de lo que captaban sus sensores, Thanos activó los enormes guantetes que eran el símbolo de su posición. Los Martillos de Queronea emitieron su característico zumbido cuando la energía empezó a recorrerlos. El señor de los Guanteletes del Infinito no mostraba ninguna sorpresa, ya se había enfrentado a aquellos enemigos en el pasado. Aquellos extraños guerreros se valían de su tecnología alienígena para teletransportarse allí donde su fuerza era más efectiva o para localizar algún objetivo vital, y Thanos sabía que era lo que estaban buscando.

El planeta que defendían, su hogar, nunca sería una de las joyas del Imperio, no albergaba magníficas ciudades ni su producción era destacable en ningún sentido. De hecho estaba cubierto en su inmensa mayoría por enormes desiertos salinos, triste reflejo de los mares desecados muchos siglos antes, y sólo la zona más ecuatorial mostraba unas codiciones que permitieran la colonización humana bajo las más duras condiciones, lo que había obligado a la construcción de inmensas ciudades colmena aisladas del medio. Sin embargo, la defensa de este anodino planeta era vital para la seguridad del Imperio. El secreto que se escondía en lo más profundo del Theutonicorum, la fortaleza monasterio del capítulo, protegido por campos Geller y sellado tras amortiguadores psíquicos, continuaba siendo el misterioso objetivo de las incursiones de los eldars casí 4000 años después. El extraño portal parecía ser de vital importancia para la supervivencia de su raza, pero esto no era algo que importara a los astartes.

La enorme cámara que contenía el vortice se encontraba muchos niveles por debajo del estrategium. En su interior, el sarcófago de adamntium que cubría la estructura parecía un inmenso monolíto de azabache surgido de las profundidades del tiempo y perteneciente a los dioses primogénitos de la galaxia. Desde su sellado tras la fundación del capítulo nunca había sido abierto, y Thanos confiaba en que jamás lo sería. El señor del capítulo llegó  a la sala y rápidamente comprobó que sus enemigos aún no habían realizado el ataque definitivo. Solo los oficiales de la Tracia y su séquito estaban autorizados para entrar en la sala, de modo que se duisponmía a defenderla con la única ayuda de su gardia personal. Junto a él se encontraban sin duda tres de los mejores guerreros del capítulo. Vinculados a su señor por un juramento vitalicio le acompañaban en todo momento, sometidos a los votos de silencio que habían formulado y dispuestos a dar su vida para protegerlo sin dudar un instante. Los cuatro astartes se situaron en posición de comate, en la formación de romro que tantas veces habían empleado. A su derecha se encotraba Cares armado con las espadas de energía gemelas que le habían acompañado cuando aún fuera el capitán de la III compañía. A su izquierda Próxeno empuñaba la Filia Passus, las enorme espada que le designaba como el Campeón de los Guanteles del Infinito y su representante en el festín de Espadas. Finalmente, protegiendo su retaguardia, espalda con espalda, estaba Nausicles, portando la más valiosa reliquia del capítulo, la Garra del Halcón, una poderosa lanza regalada por Jaghatai Khan a Rogal Dorn en los legendarios tiempos de la Herejía y cuya fabricación, según las leyendas, fue obra del mismísimo Ferrus Manus.

Un destello fugaz fue todo lo que sus sentidos aumentados percibieron en el momento en que los eldars se materializaron en el hangar. Valiéndose de la sorpresa que les otorgaban son artilugios alienígenas, dispararon sobre los marines sin perder un instante. Thanos pudo ver en el extremo de su lente como los proyectiles cercenaban varias partes del cuerpo de Próxeno cuyo cuerpo sin vida se estrelló con estrépito contra el suelo. Decididos a vengar su muerte los Guanteletes del Infinito se abalanzaron contra sus odiados enemigos mientras estos intentaban escapar sin parar de abrir fuego contra ellos. Uno de los grupos de extraños eldars fue arrinconado  eliminado sin piedad. Cuando sus cuerpos destrozados yacieron a sus pies los marines se giraron hacia su siguiente objetivo.
Los disparos no cesaban de rebotar contra sus armaduras ancestrales, y los marines continuaban avanzando sin dudar un instante mientras respondían con proyectiles de bólter. Ni siquiera las heridas que dejaron fuera de combate a Nausicles hicieron que sus hermanos flaquearan. Éstos, decididos a terminar con la amenaza cuanto antes, se separaron para cercar a los xenos. La maniobra funcionó y a pesar de que el líder de los eldars no dejaba de descarar su arma sobre Thanos, este parecía estar bendecido por Rogal Dorn.
Finalmente, viéndose acorralado, el exarca se situó tras los restos de su fuerza, confiado en que las heridas que había causado al señor del capítulo le harían desfallecer. Sin embargo, cuando pudo ver las espadas de energía que rodeaban su cuello ya era demasiado tarde para él. Cares cerró sus fieles armas con el movimiento con el que había decapitado a tantos enemigos y terminó con la vida del eldar. Satisfecho, observó como los Martillos de Queronea aplastaban el cráneo del último enemigo. Sin duda, la XXXIV Gran Batalla por Queronea, terminaría en una nueva victoria para el capítulo, los eldars parecían agotar sus últimos recursos y pronto serían masacrados. Sin embargo ellos seguirían vigilando.


Warhammer_40K_Galaxy_Map_by_ikkaan

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