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24 mar. 2013

Andrew Winters | PJ de Delta Green



Recupero el trasfondo de mi personaje de Delta Green para añadir el dibujo, bastante representativo de mi nivel, que le hice durante la última sesión.


2 de Junio de 1996
Mi nombre es Andrew Winters y hoy comienzo a escribir unas líneas que espero me ayudaran a entender lo que he visto.
Empecemos por el principio. Nací en la joya del sur, Nueva Orleans y de mi infancia hay poco que contar. Con todo lo que se ahora toda mi vida se me antoja vacía e insustancial. Me gradué en filología inglesa, mi sueño era ser escritor, pero cuanto más investigaba sobre el origen de nuestra lengua, sobre su preciosa estructura y significado, más comprendía que mi camino sería otro.
Mi vida comenzó a cambiar cuando apenas sumaba 25 años. Terminados mis estudios ingresé en el departamento de lengua de la Universidad de Louisiana y comencé a preparar mi doctorado. Los origines del inglés siempre habían sido uno de mis temas predilectos, la oscuridad que se cierne en torno a las tribus que en el siglo V poblaban la costa británica, y que dieron origen a nuestra lengua me resulta un enigma delicioso e interesantísimo, de modo que decidí realizar mi tesis doctoral sobre este tema. Para ello me desplacé a Inglaterra.
En febrero de 1981 llegué a Oxford, donde el Dr. Stuart Apricot, mi mentor en Louisiana, había conseguido introducirme en el programa de doctorado.
Durante mi investigación tuve la oportunidad de visitar muchas pequeñas localidades del sur de Inglaterra, para estudiar sus arcaicos dialectos. Estas antiguas localidades mantienen muchas de sus sus viejas tradiciones y supersticiones, y muchos narraban historias sobre la gente de los bosques y sus extraños ritos. Ninguno los había visto nunca, por supuesto, pero era costumbre transmitir esta leyenda entre generaciones. Aun así decidí visitar los bosques de la región, ya que me constaba que en ellos se habían hecho descubrimientos arqueológicos muy interesantes sobre los primeros pobladores de las islas y quizá el ambiente me ayudara a ordenar mis ideas.
El día que me introduje en la espesura fue clave para lo que me sucedería después. Entre los árboles, tras varias horas de paseo infructuoso localicé lo que parecía un antiguo asentamiento, formado por los restos de tres construcciones circulares, tan propias del mundo celta y anglosajón. Esto me llenó de una sensación de contacto con el abismo de la historia y el tiempo que me estremeció. La sorpresa fue mayúscula cuando pude comprobar que al suelo de una de las construcciones abocaba una escalera de piedra desgastada por el tiempo.
Encaminé mis pasos hacia el oscuro sótano sintiendo que mis pies hoyaban unas rocas que no habían sido pisadas en cientos de años. Al final de las escaleras me encontré en una sorprendente cámara, mucho más grande de lo que cabría esperar de unas construcciones tan antiguas, y con una mampostería para nada propia de la época. En las paredes, desgastadas por el paso de los siglos, aun podían adivinarse extrañas e inidentificables formas que sugerían algún tipo de mitología demoniaca desconocida para mi. Con un escalofrío, suponiendo que el lugar había servido de refugio a algún rito prohibido a lo largo de la edad media, me dispuse a examinar los grabados. Al fin y al cabo era probable encontrar algún tipo de escritura que me ayudase en mis investigaciones. Sin embargo lo que encontré no era ninguna clase de inglés.
A mi lado tengo ahora las anotaciones que hice aquel día, con mano firme y sin dudar. Cuanto tiemblan en cambio mis manos mientras escribo estas líneas.
Pensando haber localizado alguna lengua prerromana copié los extraños trazos en mi libreta para contrastarlo después con los archivos de la universidad. Entre los desgastados grabados solo encontré palabras sueltas, y pequeños estratos de frases. Aquí refiero lo que pude anotar auel día: ...mglw´nafh Cthulhu...R´lyeh...fhtagn...Yog-Sogoth f'nathnet....Ph´nglui mglw...gurath...
Los días siguientes me dediqué en cuerpo y alma a intentar traducir la para mi desconocida lengua, pero a pesar de revisar febrilmente todo el material de la universidad sobre las lenguas prerromanas en Britania no localicé ninguna referencia ni parecida tan siquiera a mis descubrimientos. Tras consultar el caso con el decano en la materia, el profesor Roland, este parecía muy escéptico ante mi descubrimiento, alegando que probablemente había querido ver trazos humanos donde la simple acción del tiempo había dejado su marca.
Desalentado abandoné la investigación centrándome en mi doctorado, que terminé dos años después.
A mi regreso a Estados Unidos conseguí un puesto de documentalista en la biblioteca del congreso donde ascendí rápidamente hasta ocupar un puesto de responsabilidad en la sección de literatura americana. Esta ocupación, así como la estancia en Washington me proporcionaron muchos contactos, lo que me llevó a mi empleo actual. Como adjunto civil al departamento pertenezco a la Asociación Nacional de Seguridad. Aunque su función principal es la creación de códigos y el desciframiento de claves como parte de los mecanismos de contraespionaje, sus competencias hoy día se extienden al control de la información, al conocimiento de esta y a su interpretación, labor en la que desempeño la mayoría de mi rutina cotidiana. Por supuesto esto incluye no solo la información trasmitida abiertamente en periódicos, televisiones o la reciente fuente de Internet, si no que también aquella pretendidamente oculta en medios menos habituales: crucigramas, anuncios por palabras, fotografías, y un largo etcétera.
Así fue como, examinando unas fotografías publicadas en el New York Times sobre el trágico final de un caso de la Oficina nacional de Investigación volví a encontrarme con esas malditas palabras. Dicha investigación había terminado con el fallecimiento de ocho personas durante una redada. No se daban muchos datos al respecto y la información había sido clasificada como reservada, pero algunas fotos del interior del lugar de los hechos se habían filtrado a la prensa. Cual fue mi sorpresa cuando pude leer claramente, bordado sobre la extraña túnica que vestía uno de los fallecidos, estas palabras: Ph´nglui mglw´nafh Cthulhu R´lyeh wgah-nagl fhtagn.
Más de diez años después volvía a encontrarme con esa extraña lengua.
Volviendo la vista atrás desearía no haber iniciado las investigaciones que me llevaron a saber que los sospechosos muertos durante el asalto pertenecían a un extraño culto responsable de la muerte de cinco personas en distintos estados. Sin embargo poco se decía de sus ritos o creencias. Decidiéndome a ir más allá de mis competencias conseguí acceso a información reservada relacionada con el caso. Al parecer existía un largo dossier sobre sociedades relacionadas con esta, y sucesos parecidos durante los últimos sesenta años, aunque los datos eran poco concretos se podía entender que las acciones del gobierno habían ido encaminadas de forma decisiva a la erradicación total de estos oscuros cultos. La Prueba final de la importancia de mis descubrimientos fueron algunos testimonios y documentos gráficos que me llevaron a conocer secretos que nunca deberían haber sido conocidos por el ser humano.
Mis pesquisas no pasaron desapercibidas. ¿Como pude llegar a pensar que nadie se daría cuenta?
Las revelaciones que puedo hacer llegan aquí a su límite, solo diré que la nueva realidad que conocí me proporcionó una nueva obligación que no puedo rechazar, ahora toda mi colaboración está con Delta Green.

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