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1 mar. 2011

Artheldor Renacido | Tercera parte

Memoria de granito

Borch Runarroja se encontraba en su tienda personal, escuchando el ruido de la lluvia al caer sobre la lona mientras repasaba las runas escritas en el viejo pergamino. Aún recordaba vivamente los salones de Karak-Rhun-Zan, las rugientes hogueras, los grabados en la roca que narraban la gloria del clan cuyo honor se disponía a restaurar.

Durante más décadas de las que un hombre puede contar en su vida había vagado por las montañas junto con los restos de su clan, junto con los únicos camaradas que en el momento de la verdad mostraron su fidelidad. Aquellos guerreros le habían acompañado cuando, rodeado por los mil veces malditos hombres rata del clan Perfringens, se vio obligado a retirarse a la ciudadela de la fortaleza a la espera de la ayuda de los clanes vecinos. Sin embargo la ayuda nunca llegó. Su gesto fue expuesto como un acto de cobardía ante el consejo de clanes, por lo que se decidió castigar al clan declarando su deshonor y declinando la ayuda. El responsable de esta traición fue Druin Hierronegro, su principal rival en el reparto de las vetas de minerales de la cordillera.
Solo a costa de las vidas de muchos valientes enanos, consiguieron librar el cerco skaven, para alcanzar una vida peor que la mas horrible de las muertes.

Ahora, el pergamino que tenía en sus manos, le permitiría recobrar aquello que le pertenecía por derecho. Durante sus años de calvario no eran pocos los tesoros de su antigua fortaleza que había podido recuperar. Entre el más reciente de estos se encontraba un texto salido de la más profunda de las entrañas de Karak-Rhun-Zan, la forja de Dvorak Runarroja. Cómo aquellas miserables aberraciones pudieron haber profanado el más sagrado santuario del clan, escondido desde hacía milenios del alcance de los mortales, continuaba siendo un misterio. Pero no era el momento de resolverlo. El pergamino narraba, escritos por su puño y letra, los últimos días del legendario herrero. Solo pequeños fragmentos permanecían legibles pero su significado no podía ser más terrible:

“…su presencia me es cada vez más cercana, pronto no podré contenerlo...ahora le veo, veo sus repulsivas orejas…elfo maldito…quiere la verdad…¡Ja!..pereceré para que la consiga, nada se puede hacer ya…Artheldor, el nombre del maldito…al sur, la torre negra sobre el lago…otros vigilan, saben lo que busca…iluso…”

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